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  • Biblia.2 - Eva y Adán (7)


  • Biblia.2 - Eva y Adán.2 (Psikore) (7)

    Dios castigó a Eva una tercera vez, aunque esta lo hizo indirectamente.

    Pues descubrieron los hombres el secreto de Eva, y cuando ella nacía, ahora gracias a la sangre de Adán, apenas abría los ojos, antes de que pudiera cegarles la dulzura de su luz, la mataban.

    Asesinos y violentos, se habían vuelto "por culpa de Eva". O quizá de sus ansias de fuerza y afán de superioridad? O por el sabor de la sangre, que les había enseñado que había un camino que tenían que recorrer? O por el canto del mar que les enseñaba su verdadera debilidad? O por odio a sí mismos por no ser ni Eva, ni Adán?

    El caso es que Dios había fallado una vez más, y la serpiente no era ya un truco eficaz, pues ahora los hombres hacían muy bien la labor que antaño le correspondía a ella. Vieja ya, la serpiente volvió los ojos a Dios, mohína por el fracaso, y Dios la liberó de sus funciones y le concedió un lugar en el reposo.

    Los hombres se volvieron prácticos y aprendieron los números; ante la falta indiscriminada de Evas, comenzaron a temer por sí mismos. "Pues alguna necesitaremos para poder seguir naciendo”. Iniciaron el proyecto, salvando a alguna que otra Eva.

    El problema era Adán.

    Dios estaba observando todo esto, y sentía una tristeza tan profunda que casi empezaba a gustarle. En un principio.

    Eva hecha a imagen y semejanza de Dios, "excepto que estaba vivo". Adán diferente de Eva, pero lo que ni Eva ni Adán sabían era que estaba hecho a semejanza de Dios, excepto que no se reproducía.

    Eva muerto, Adán castrada.

    Dios odiado.

    Y, mientras tanto, Dios deleitándose en la tristeza. Adán encaramado al enebro, pues los hombres en su insaciable locura, ya no sólo mataban a las Evas, sino que sentían la amenaza de Adán y de su fuerza, y del hecho de que Adán y Eva eran Dios; ellos se habían apoderado de una parte de este Dios, y la aniquilaban, cosa que enfurecía sobremanera a la otra parte; y, como en los viejos tiempos, se calzó las botas y agarró la cimitarra, y fue a luchar contra los hombres llevando como insignia la serpiente a la que al fin derrotó; salvaría a su Eva pasara lo que pasara porque solo gracias a ella podía Adán yacer con todas sus hijas y con ella.

    El egoísmo de los hombres había provocado que el pobre Adán no tuviera acceso a las Evas, que los hombres manipulaban con cautela y sólo con fines benéficos y rentables para la sociedad. Pero el amor de Adán no entiende de utilitarismo o no quiere entender; lo que si quería era yacer libremente como en los viejos tiempos y correr y correr y dormir y encaramarse a los árboles y robar las manzanas e incluso luchar con la serpiente y buscar a Eva y, y.. . Y tanto se atoró en la melancolía el pobre Adán, que un furor incontenible se apodero de él, y juró venganza sobre los incautos.

    Pero los hombres, que eran prácticos, estaban preparados para esto y decidieron controlar también el nacimiento de Adán. "O quizá. . . No deberíamos dejar que ninguno naciera? A ellos no los necesitamos, podemos reproducirnos teniendo a Eva."

    Y así fue como Adán quedo encaramado al enebro, con sus botas y su cimitarra, pues ni comenzar su venganza le permitieron.

    Y Dios regocijándose en la tristeza. Bien podía hacerlo el, que era Dios todopoderoso y tenia muchos secretos, y ya no amaba a los hombres pues los hombres le odiaban, los que mataban a las Evas hachas a su imagen y semejanza, las Evas que el amaba, y al pobre Adán, que era como Dios mas de lo que ni Eva ni Adán habían pensado; y los hombres odiaban a Adán y querian matarlo. Matar a Dios, y Dios se reía ante esta idea. Moriréis todos. Porque a mi Eva solo la castigo yo, que para eso soy su Adán.

    Y se bajo del enebro.

    Y le pidió consejo a la vieja serpiente, que lejos de sentir odio o cosa parecida con Eva y Adán, tan tiernos, tan jugosos; con lo mucho que ella había disfrutado en otros tiempos de ellos; no quería que los hombres los aniquilaran, ni manipularan, quería salvarlos, y ahora que su hambre había sido saciada, observarlos y protegerlos, y amarlos desde el reposo. Pero aquellos hombres eran tan condenadamente fastidiosos. Así que le enseñó unos cuantos trucos a Adán para que Dios vengara tal injusticia.

    Le enseñó como tenia que hacer para salvar a Eva.

    Mientras, Dios atravesó los confines de su universo y llego a las puertas del Jardín.

    Y Adán, a golpe de cimitarra, llego hasta el lugar donde los hombres ocultaban a Eva, a la que el conoció subida a un manzano cuando las bayas del Enebro lo atoraban con cagaleras súbitas.

    Y ahora haré las cosas de un modo diferente, se decía Dios; lo primero es hablar con mis hijas y mis hijos, aquellos a los que la serpiente devoró en los viejos tiempos por orden mía, para protegerlos de los hombres, y gracias a su poder los transportamos a un lugar maravilloso donde podían vivir en paz mas allá de estar vivió, de no reproducirse, mas cerca de la esencia real de Dios.

    Pero claro, Dios estuvo tanto tiempo entretenido con la labor de mantener su primera obra, que había desatendido la segunda, y no sabía si aquellos a los que tan cruelmente había tratado, querrían verlo.

    Entro en el jardín, y los llamo por sus nombres con los que el los conocía. Ellos acudieron. Les explico el peligro que corrían la ultima Eva y el ultimo Adán, y les dijo que muy a pesar del merecido jardín que se habían ganado, tendrían que abandonarlo y bajar a la tierra nacidos como hombres y mujeres, y enmendar los errores que los hombres habían cometido.

    A ellos, esta idea no les gusto nada, pero eran Eva y Adán los que se estaba poniendo en juego, y aunque ellos no tenían problema alguno al respecto y no tenían por qué hacer nada por ellos, decidieron ayudar a Dios ya que Dios al final no había sido tan malo como ellos.

    Así que aceptaron el sacrificio de la reencarnación.

    Y Adán, habiendo llegado victorioso a las estancias de Eva, cuál fue su decepción y su pena y su dolor cuando vio en lo que los hombres habían convertido a Eva. Pues solo vio un inmenso amasijo de cables, aparatos y tubos de ensayo destinados a la reproducción in vitro.

    Castrada la pasión.

    Eva muerta, como todos los otros con los que en otros tiempos había sido tan feliz.

    Derrotado, Adán volvió a encaramarse al Enebro y decidió no volver a entrometerse en los proyectos de los hombres, allá ellos y su falta de imaginación.

    Praxis.

    In practicum.

    Entonces, Dios parió a los pequeños dioses, y los separo, tan cerca que se hacía lejos y les era difícil verse unos a otros; así fue el hechizo inventado por Dios para ganar algo de tiempo.

    El amor murió con la última Eva para el mundo de los hombres.

    Y así, los pequeños dioses entre los hombres nacidos como hombres, no veíanse las caras, pero de algún modo les llegaban rumores. Dios les había engañado, no podían salvar a Eva ya que no existía en la Tierra, y Adán habitaba en la copa de su Enebro, entreteniéndose con heroicas cavilaciones: buscar a la serpiente, con ella si que se podía luchar, y morir bajo sus garras si ella vencía, como tributo de amor a todo aquello que había tenido y de lo que no le quedaba más que sus fieles bayas, ni robar manzanas, ni correr por el suelo, ni pasearse por el Jardín, con lo que apenas dormía pues ya no había sueños que sonar, ni tan siquiera terribles pesadillas como la que le asusto cuando descubrió por aquel entonces a Eva.

    Al menos le quedaba la última gran hazaña. Se encamino al lugar donde moraba la serpiente con intención de desafiarla.

    "Se que una vez me ayudaste y diste buen consejo, pues encontré a Eva; ahor avengo a desafiarte con intención de morir si ganas en el combate, me someto a ti tal y como hicieran mis valerosos hijos en otro tiempo, derramando su sangre roja en honor a Ella que ya no está."

    La serpiente le miro con sorpresa y rió profundamente. "No voy a hacer eso, yo no quiero luchar ya, estoy muy a gusto aquí tranquila, y me temo que este no es el final que Dios ha pensado para ti."

    "Pero yo quiero morir."

    "Yo no te matare."

    "Quiero que me comas."

    "Ni hablar."

    "Puta serpiente, lucha!"

    "No lo haré."

    "Entonces, te matare yo a ti."

    "Ni lo suenes, no puedes ni herirme."

    "No me importa, ya no tengo nada, un poco mas de nada no me asusta."

    "Lo que tienes que hacer es volver al mundo de los hombres."

    "Odio ese lugar, allí ya no hay sitio para mí."

    "quizá puedas sorprenderte."

    "No más que la última vez que estuve."

    "Acéptalo como un reto; si no encuentras allí lo que buscas y sigues penando, entonces prometo comerte."

    Y Adán se marcho con una esperanza: la de que al fin la serpiente le liberara de su solitaria existencia, pues no confiaba en encontrar nada en el mundo de los hombres que le hiciera cambiar de opinión.

    Vagó por la tierra, y un buen día fue a parar al lado de los otros dioses, no menos desorientado que ellos, pues ninguno sabía lo que buscaba.

    Pero ocurrió entonces que se reconocieron, y recordaron por qué estaban allí. Adán les contó lo ocurrido con Eva, y los dioses, apenados, creyeron que su misión había fracasado, pues ya no se podía salvar a la ultima Eva y al último Adán. Todos miraron hacia Dios esperando una respuesta, pero no lo oyeron, ni sintieron.

    Y así, la pasión de Adán se volvió dolor.

    Y el sufrimiento de Eva reposó en el olvido.

    Y los hombres creían tenerlo todo controlado.

    Y Dios puso en juego su última carta. Al menos por el momento.

    Atravesó sus universos hasta los confines mas ocultos y busco el lugar donde Eva tenía que habitar tras su muerte, con el resto de sus hijas, las que murieron a manos de los hombres.

    Y así empezaron los castigos a Adán; Adán, hecho a imagen y semejanza de Dios. Adán, que debía pagar por los errores de los hombres como Eva pagó por los suyos.


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